No más cambio de cinta.

Aunque sabíamos que iba a suceder, no deja de sorprender la noticia: la fábrica de máquinas de escribir, la india Godrej and Boyce, ubicada en Bombay, acaba de cerrar sus puertas. Si bien no era la última de estas fábricas, ya que todavía quedan fabricantes en Indonesia, China y Japón, estos solo las hacen para mercados residuales con restricciones, como las prisiones. Así es, las viejas y fieles máquinas han dado paso a los ordenadores, por lo que ahora, aquellos que aun tengamos algunos de estos aparatos (yo guardo una IBM Selectric), no nos queda más que guardarlas y esperar a que algún museo se interese en ellas.

Sé que los ordenadores, computadoras, son mucho más prácticas y cómodas, sobre todo a la hora de borrar algún error (¿recuerdan el Tipp-ex?), pero cuando vemos iconos de nuestra infancia y adolescencia desaparecer, nos parece que ya hemos andado un largo trecho, y el que nos queda, pues, es cada vez más corto. En una de estas máquinas escribí cientos de informes y trabajos para la escuela, una que otra carta y además,  mis primeros cuentos… ¡Ah, la nostalgia! 
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